HomeInicio » News RoomSala de Prensa » LXXVII Congreso Nacional de Cafereros 2012
LXXVII Congreso Nacional de Cafereros 2012

 

Con motivo de la celebración de los cien años de su nacimiento, Alfonso Palacio Rudas, nuestro querido Cofrade y gran amigo y mentor suyo, Señor Presidente, recordaba en los años setenta que una de las grandes fortalezas del gremio cafetero colombiano consistía en que ya había alcanzado su mayoría de edad, queriendo decir con esto que la solidez sobre la que se asentaba y la firme cadena de producción que representaba, ya era un aval de seriedad y de experiencia verdaderamente único en el mundo, que le permitía mirar de frente a los ojos a cualquier país en el concierto internacional, sin arrogancia alguna, pero sí con la seguridad que otorga la madurez.

Y digo esto, Señor Presidente, ilustres miembros de su gabinete, honorables congresistas, respetados representantes de los organismos de control, colegas de nuestra máxima autoridad cafetera y miembros de nuestra gran familia, con el firme propósito de recalcar, que quienes estamos aquí, somos herederos de una vasta tradición, y de varias generaciones que dieron y siguen dando lo mejor de sí por su país, y particularmente por el café, actividad sinónimo de verdadera rectitud, patriotismo, identidad, equidad y de un profundo sentimiento nacional que hoy vuelve a cobijarnos.

En un país tan joven como el nuestro, con apenas 200 años de vida republicana, que una federación tenga 85 años, es como decir que su historia particular está íntimamente asociada a la historia general de Colombia, siendo indisociable la una de la otra, como la uña de la carne, si me permiten emplear la expresión popular. Es por ello, que nuestro compromiso y lealtad con las instituciones democráticas constituye parte integral de nuestra esencia.

Por muchas partes soplan en la actualidad vientos encontrados. Por una parte el bajo precio que nuestro grano tiene en la actualidad en los mercados internacionales y también en el mercado nacional. Por otra, la compleja situación económica por la que pasan ciertos países europeos, ya que, en el mundo globalizado en el que nos encontramos, una causa que se produce en un lado encuentra su efecto en otro. Por otra, la revaluación del peso que ha traído consigo un menor ingreso para nuestros caficultores. Y por más allá, ese nuevo agente que ha venido a modificar toda política económica que es el calentamiento global, protagonista que ya forma parte de la agenda de todos los gobiernos en el mundo.

Esta suma de factores, bien conocidos, ha venido asociado con visiones agoreras, con fáciles interpretaciones que intimidan a nuestros cultivadores y que los empujan a creer en los nuevos mesías de la salvación que están más interesados en recoger votos que en ayudar a superar esta difícil senda que nos ha tocado en suerte, la cual sabremos superar, de eso estoy seguro, “sin fórmulas secretas o desconocidas terapéuticas”, tal como lo anotó en su “Memoria de Hacienda” presentada al Congreso Nacional en 1940, otro ilustre conocedor del gremio, el doctor Carlos Lleras Restrepo.

De manera que estamos aquí, con la madurez anotada por el Cofrade, con el ánimo de discutir de manera serena y civilizada, temas medulares de nuestro grano insignia, con el propósito de sacar adelante a este gremio que se encuentra en medio de vientos cruzados de tormenta a los que ya he aludido.

Bajo estas circunstancias le dirigimos una carta al señor Presidente, fechada el 9 del presente y firmada por todos los presidentes de los Comités Departamentales y por el Comité Directivo, solicitando ayuda para defender a cada uno de los caficultores, pues en virtud al bajo precio de la carga del café en el mercado nacional, todos ellos pasan enormes dificultades y muchos podrían abandonar sus cultivos y deshacer esa enorme red social a la que pertenecen, con fatales consecuencias sociales y económicas no solo para nuestro gremio, sino para el país en general.

En ella le solicitamos de una manera respetuosa, una inmediata partida presupuestal para que no se detuviera esta locomotora de la prosperidad, locomotora que partió a los pocos días de iniciado el actual gobierno gracias al Acuerdo de la Prosperidad Cafetera, ratificado en posteriores ocasiones, y que sin un auxilio adicional, podría quedar varada en la siguiente curva de la carrilera.

Con una actitud propia de un buen conocedor de nuestro gremio, el señor Presidente respondió con presteza indicando que se multiplicaba por tres la Ayuda al Ingreso del Productor, repitiendo la decisión que tomó hace varias décadas cuando desempeñándose como Ministro de Hacienda, destinó importantes recursos que sirvieron como inestimable ayuda a los cafeteros para obtener una mejor remuneración por su cosecha.

Hay cosas que no se olvidan Presidente, como estos gestos realizados por usted y que el gremio cafetero y sus máximas autoridades aquí reunidas le agradecen con sinceridad, pues valoramos su actitud, la cual es propia de un primer mandatario que escucha y que conoce como pocos las entrañas de la política cafetera. 

Sabemos que la angustia de nuestro gremio la siente como suya, porque sabemos que le duele como pocos los desastres invernales que en minutos echan por tierra el trabajo realizado durante años y que comparte la tristeza que se siente cuando nuestros caficultores tienen que quedarse con los brazos cruzados mirando como la barbarie de la naturaleza, sin piedad y sin clemencia, borra de sus caras la sonrisa. Hemos sabido encontrar en su actitud, en la de los ministros de su despacho y en la decidida del Congreso de la República, una solidaridad incuestionable y una manera de enfrentarse a los problemas buscando eficaces soluciones.

Con su anuncio que, como ya indiqué, triplica la primera asignación, aparece de nuevo la esperanza que permite ver con menor angustia la llegada del fin de año. Esta ayuda la sabremos administrar como siempre ha sido la costumbre de esta casa: con transparencia, con organización, con institucionalidad, desde la cual y en nombre de las más de 550 mil familias cafeteras, le damos las gracias.

De esta manera se reafirma la convicción de que el trabajo coordinado entre las instituciones del ejecutivo, el legislativo, y nuestro sector, siempre aportará los mejores frutos para bien del país, aspecto que se hace evidente en el aumento del parque cafetero y en la constante recuperación de la producción nacional.

También se envía un claro mensaje sobre la voluntad del estado colombiano, para adoptar instrumentos de intervención como este, que ayudan al ingreso del productor y que puedan activarse en momentos de bajos precios para compensar las inequidades del mercado. 

Las ayudas aprobadas son muy apreciables, pero con respeto debemos señalar que no son suficientes y que es la hora de buscar la consagración legal de un precio de sustentación, para respaldar la caficultura en esta nueva Colombia minera.

Esta decisión es una mala noticia para los apresurados apóstoles del apocalipsis cafetero y buenas noticias para los honrados trabajadores de nuestra tierra, que ven una nueva luz en el horizonte. Malas noticias para los que viendo una muralla deciden quedarse a sus pies, quejándose de su mala suerte, en lugar de escalarla y ver desde allí lo nuevo que se nos ofrece.

Para concluir este tema, no son estas “fórmulas secretas” ni “desconocidas terapéuticas”. Son medidas sanas, que van a la raíz del problema pues le permitirán al caficultor recibir una mejor retribución por su trabajo.

Así como las generaciones se forjan unas a otras y que el pasado es la mejor manera de garantizar la solidez del futuro, por mandato de los inmediatamente anteriores Congresos Cafeteros, hemos trabajado para combatir las inclemencias producto del errático comportamiento del clima global.

Prueba de ello, es que hoy más de la mitad del parque cafetero corresponde a cafetales tecnificados resistentes, distribuidos en 486 mil hectáreas, en donde el 90 por ciento corresponde a cafetales jóvenes, de manera que ya está puesto en marcha el gran motor de la transformación de la estructura productiva cafetera del país, que alcanzará una nueva velocidad, que garantice no solo un aumento en la producción, sino que haga posible que nuestra inmensa familia cafetera avance con una aceleración constante por los rieles de la prosperidad.

Sea esta la oportunidad, en la que estamos reunidos, en la que el común denominador es la concordia y el progreso, la unidad de propósitos para lograr el bien común y el desarrollo general, en la que un sentimiento nacional se levanta por encima de creencias y programas partidistas para expresarle, señor Presidente, nuestra solidaridad con lo acaecido en la Corte Internacional de Justicia de la Haya, ya que ese fallo nos duele como colombianos.

Sentimos esa sentencia como aquel capítulo de El otoño del patriarca de nuestro premio Nobel Gabriel García Márquez donde uno de sus protagonistas enrolla el mar como si fuera un pergamino y se lo lleva bajo el brazo. Nos embarga una sensación de incomprensión y orfandad, de amputación si me lo permiten. Cuente con nuestra solidaridad y compartimos como propia su postura ante una injusta e injustificada providencia que no solo nos perjudica a todos los colombianos sino que pone a tambalear otros tratados internacionales y altera peligrosamente un orden jurídico ya establecido.

Y si de apoyo estamos hablando, no quisiera dejar de pasar esta oportunidad para reiterarle, el apoyo de la Federación de Cafeteros por los diálogos de paz que han entrado en una nueva fase. Los colombianos sabemos que tenemos una gran oportunidad que no debemos desaprovechar y que medio siglo de guerra es demasiado tiempo, para que el país desconozca el significado de la palabra Paz. La comisión del gobierno, ahora en La Habana, tiene una difícil tarea por delante. Esperamos de la contraparte ecuanimidad, verdad y entereza, vocablos que parecen haberse borrado de sus mentes. 

Son muchos los frentes que usted como presidente debe abordar a diario, lo que se convierte a su vez en una manera de demostrarle a cada uno de los colombianos lo comprometido que está con nuestro país.

Cuente, para siempre, con nuestra mano abierta y con nuestro hombro dispuesto a luchar a su lado.

Ha sido un año difícil, como a todos les consta. En algunos momentos nos sentimos como una procesión en la cual el esfuerzo de llevar las andas recae sobre unos pocos. Han coincidido las lluvias, la revaluación del peso, la baja cosecha y su exiguo precio en el mercado.

Ha habido legítimas manifestaciones de caficultores, como también conquistas de nuevos mercados, siembras, renovación y crecimiento del parque cafetero, para que hoy, aquí, en compañía del presidente de la República, de varios de sus ministros y cercanos colaboradores, de miembros del legislativo, de los organismo de control y rodeados como estamos por las máximas autoridades cafeteras, congregadas alrededor de este Congreso Nacional Cafetero, seamos testigos de primer orden de los nuevos retos que tenemos por delante.

Tal como habrán advertido no he querido que estas palabras se convirtieran en una suma incalculable de cifras, que son necesarias y que presentaré en el Informe de Gestión, que ustedes como especialistas entienden a la perfección, sino más bien he querido centrarme en los acontecimientos medulares de nuestra Institución, que a todos nos conciernen y que son, en definitiva, nuestra razón de ser. Que este nuevo Congreso se recuerde como el congreso de la “Prosperidad Sostenible” es mi mayor deseo.

Muchas gracias.

Share

Únase al boletín

FNC © 2010 - 2014

Términos de uso Gestión de Archivos Directorio Comités Servicios en línea