Bogotá noviembre 30 de 2011
Haciendo honor a la unión y al consenso gremial, nos encontramos de nuevo en este recinto para deliberar, proponer y, sobre todo, para mitigar con la luz del optimismo, el trabajo conjunto y la asistencia del gobierno nacional, la aguda situación que estamos viviendo en nuestro país, como consecuencia de esta enfurecida ola invernal.
Reciban ante todo una cordial bienvenida y el agradecimiento sincero por su compromiso siempre manifiesto con la caficultura, sus familias, las comunidades, la institucionalidad cafetera y el país.
Señor Presidente Juan Manuel Santos, gracias por acompañarnos una vez más, por su amistad evidente y por ese franco y grato aforismo que usted expresó hace poco: “el café sigue siendo un producto insignia de nuestro campo.”
Retomando entonces nuestros compromisos, iniciemos con el que tenemos con la caficultura. La renovación cafetera como propósito nacional, es una tarea de todos. Ser competitivos y recuperar los niveles de producción es la hoja de ruta que nos debemos trazar.
Otros ineludibles compromisos son:
La familia. Su sustento depende de los ingresos de la actividad cafetera, que es el pilar que nos permite satisfacer las necesidades fundamentales y la formación académica de los hijos. Esta labor es compartida con la mujer, quien se convierte en compañera de afecto y brega. Para todas ellas, una gran consideración y respeto.
Evidente es también el compromiso que tenemos con la institucionalidad. De nosotros como generación presente, depende el mantener viva la antorcha gremial que nos entregaron nuestros antecesores un 27 de junio de 1927, y que ha resplandecido por décadas en manos de notables cafeteros.
Tenemos un compromiso con las comunidades rurales, en la promoción social, en su prosperidad económica, en la enseñanza de la solidaridad, en la protección del medio ambiente y en la transferencia de tecnología, aspectos primordiales para asegurar el bienestar y el desarrollo.
Nos atañe un compromiso con el país, pues el café genera un valioso sentimiento colectivo de orgullo patrio, gracias a la gestión de la Federación Nacional de Cafeteros, con sus Comités Departamentales y Municipales, al trabajo diligente de las familias cafeteras y a la imagen de un personaje que despierta euforia y admiración: nuestro querido Juan Valdez.
Prueba de esto, es el orgullo que sentí como cafetero y como colombiano, al haber sido ganador en el año 2007 de la exigente competencia a la calidad Illy, que en ese momento promocionaba en nuestro país la empresa italiana. Este evento me dejó como experiencia que con motivación y compromiso seguiremos manteniendo la calidad de nuestro café.
Por todas estas razones, debemos seguir actuando a pesar de los embates que hemos soportado a través del tiempo. Bien lo decía el ex presidente Alfonso López Michelsen, en unas palabras de homenaje al siempre recordado y exaltado tolimense, doctor Alfonso Palacio Rudas: “Colombia necesita llegar al final de esta crisis con una caficultura sana, con un nivel apropiado de empleo y, sobre todo, con paz y estabilidad social.”
Como lo expresé en mi breve disertación como nota de agradecimiento en la reunión preparatoria de este Congreso Nacional de Cafeteros, el mensaje para todos los federados y la nación entera no puede ser otro sino el de optimismo. Pero ese optimismo debe ir seguido de acciones que nos permitan avanzar en nuestros objetivos comunes y estructurales.
Para lograrlos debemos, Señor Presidente, contar con la presencia de nuestros Extensionistas en las diferentes veredas cafeteras.
Como es de su conocimiento, el programa IAT, Incentivo a la Asistencia Técnica, está terminando ya sus tres años de labores iniciales. Y no podría solicitar su continuidad, sin antes agradecer de manera pública este importante apoyo.
Por tanto, es el momento propicio para revisar de nuevo el acuerdo, con el fin de que a través del Ministerio de Agricultura, se definan nuevos presupuestos y nuevos periodos, en aras de mantener el cubrimiento profesional que nos permita cumplir con las metas de renovación, incrementar la productividad, sostener la calidad del grano y, por ende, recuperar la producción nacional.
Es imperante redoblar esfuerzos para que mediante la operación del Programa de mejoramiento de vivienda con saneamiento básico, seamos pródigos con la vida saludable y digna de los cafeteros.
Agregamos también a esta lista de temas de urgente realización, la recuperación de la infraestructura de beneficio, con el ánimo de armonizar la producción cafetera con el mantenimiento de la calidad del grano, orientación que nos permite reducir la contaminación y, a la vez, contribuir con la competitividad en los exigentes esquemas comerciales del negocio cafetero mundial.
En este ejercicio de enumeración, no podemos alejarnos del camino que nos haga realidad la promesa de utilizar parte del ingreso de las regalías en la investigación científica, dado que la investigación adelantada en Cenicafé es indispensable para mejorar las prácticas agrícolas sostenibles y hacer frente a nuevas y posibles acometidas del clima y de enfermedades fitosanitarias.
Queremos de la misma manera, extenderle una propuesta respecto a un incentivo gubernamental para sembrar café en otras áreas que tengan una oferta agro ambiental adecuada, donde la caficultura se exprese bien en condiciones climáticas como las actuales.
Así mismo, tenemos que enunciar otras mejoras que demandan las regiones cafeteras y sus comunidades, como son la recuperación de las vías, especialmente terciarias, canales básicos para la comercialización de los productos.
Y, aunque somos conscientes de que estas habilitaciones viales no son sencillas, dada la crudeza del invierno, se debe continuar trabajando en este componente y retomar el programa Caminos de Prosperidad, anunciado por su gobierno, con el fin de evitar atrasos en la dinámica de la competitividad que nos exige la actual globalización.
Exhorto también, a mis colegas Delegados, a que consideremos en el seno de este Congreso, como agenda inaplazable, las propuestas que tienen que ver con los programas educativos y la innovación, para dejar de lejos la pobreza y el atraso, mediante la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación que interconecten y capaciten a las comunidades, para gestar los cambios que exige la nueva realidad rural y que garanticen el futuro de la caficultura.
Sea también la ocasión para agradecer la labor del doctor Luis Genaro Muñoz, quien de la mano de nuestro Comité Directivo, y con su lucidez y experiencia, sabemos que conduce el barco hacia puerto seguro. Y comparto con él su pensamiento cuando dice: “Los cafeteros siempre somos optimistas. No nos dejamos vencer por las dificultades. El evidente cambio climático no es el primer gran obstáculo que enfrentamos a lo largo de la historia de la caficultura colombiana. Nosotros siempre vemos más luces que sombras; aunque nunca nos había caído tanta agua.” Estamos en sintonía, doctor Luis Genaro.
Nuestro agradecimiento sincero también, a los señores Ministros que hacen parte del Comité Nacional de Cafeteros, por el apoyo que le han brindado a los programas gremiales y a su permanente preocupación por la ejecución de dichos programas.
Quiero, ahora, señor Presidente Juan Manuel Santos, reconocer su aporte generoso al gremio, pues a pesar de la adversidad natural que no hace distinción de sectores, ni de gremios, ni de personas, ha sabido usted tenernos presente dando prelación a los apremios cafeteros.
Los recursos otorgados a través del programa de Ola Invernal para el control de la roya y recuperación de la producción, mediante la entrega de fungicidas y fertilizantes, así como los cuantiosos aportes para la renovación de cafetales envejecidos, que nos han permitido renovar 120 mil hectáreas en todo el país, son una clara manifestación de su preocupación permanente por el devenir del sector cafetero colombiano. No obstante, necesitamos seguir con la recuperación de la caficultura y crecer en producción. A propósito de crecer, le planteamos al Gobierno Nacional, retomar este programa que la Federación de Cafeteros le ha formulado.
Señor Presidente, su profundo conocimiento de la vida cafetera lo hace más sensible a nuestros apuros y requerimientos, razón que nos da la certeza de sentirnos acompañados para seguir trabajando en lo que aprendimos, y ocupándonos en lo que nos gusta hacer: sembrar y cultivar café.
Igualmente, siéntase usted acompañado y respaldado por este gremio en cada una de sus ejecuciones de gobierno.
Y como frase de resumen, traigo a colación las palabras del historiador francés, Ernesto Renán: “En la vida de los pueblos hay horas tristes, pero jamás horas infecundas.”
Como cafeteros hemos vivido momentos difíciles, pero con nuestro tesón y optimismo, seguimos aquí, respondiéndole a la vida y al café.
Muchas gracias.
© Federación Nacional de Cafeteros de Colombia 2010.
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