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El significado del Conflicto y la necesidad de Reconciliarnos - Columna Carlos Armando Uribe

El significado del Conflicto y la necesidad de Reconciliarnos

Por Carlos Armando Uribe F. - Director de Asuntos Gremiales

 

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El profesor frente al tablero nos preguntó que entendíamos nosotros por conflicto y por reconciliación. Pienso que las respuestas que dimos fueron coherentes con la violencia  de más  de cinco décadas que lleva Colombia y de diferentes grados de desconfianza que imperan en las relaciones entre los Colombianos. Por eso el profesor fue escribiendo sinónimos de la palabra conflicto que nosotros le expresamos: Violencia, enfrentamiento, destrucción, balas y muerte. Muy pocos pronunciaron expresiones como oportunidad, aprendizaje, opción, estímulo y diálogo. 

En realidad la mayoría de los que opinamos nunca nos salimos del concepto del conflicto propio del entorno y ni siquiera  nos aproximamos a los conflictos nuestros y a los generados en las relaciones cotidianas. La violencia  como decía Martín Luther King, nos ha llevado a una reflexiva conclusión: “hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir como hermanos”. 

Así mismo el Profesor también nos preguntó qué entendíamos por Reconciliación. Las respuestas se acercaron a ceder espacios, renunciar a conceptos, a callar, pero también a olvido, mediación, apaciguamiento, armisticio, arreglo y entendimiento. Las respuestas se dieron desde varias miradas, incluyendo la relación entre los seres humanos y la reconciliación desde lo político. Incluso alguien preguntó qué estaba primero, si la resolución de un conflicto o la reconciliación.

Sin embargo, no es solo la influencia del entorno la que nos ha llevado a emitir conceptos equivocados de lo que significa la palabra conflicto y de lo que es reconciliación, también lo es la apatía por la búsqueda de los significados correctos. Quizás la peor enfermedad de este siglo es la insensibilidad o lo que otros llaman hoy “el síndrome de la indiferencia adquirida”.

Hablemos entonces del conflicto, pero no lo llamemos así. Digámosle diferencia o desacuerdo, pero fundamentalmente entendamos que un conflicto es inherente a la sociedad, que en donde hay vida hay conflicto,  que el conflicto se constituye en  una posible fuente de cambio, que no implica ruptura de la interacción y que “la nueva mirada del conflicto implica atender, entender y actuar sobre situaciones cotidianas que podrían producir muchas más muertes y sufrimientos que las mismas guerras”.

No es retórica gratuita, pero dichos aprendizajes se pueden resumir en aprender a: No agredir a los demás, a comunicarse, a interactuar, en aprender a decidir en grupos, en cuidarse con autoestima  y respeto, en cuidar el entorno y en aprender a valorar el saber cultural.

De igual manera el Profesor nos compartió el significado de la palabra reconciliación y nos dijo que era una palabra de origen latino que significaba “la acción y el efecto de volver a unirse”. Además mencionó que el prefijo “re” se utiliza para indicar “hacia atrás”, que “concilium” es sinónimo de “asamblea” y que “cion” se emplea para establecer “acción y efecto”.

Desde lo político y citando a Ugarriza, Investigador Colombiano,  la reconciliación se refiere a “una dimensión, en la que individuos o grupos de una sociedad hacen un reconocimiento mutuo del sufrimiento pasado y cambian sus actitudes y comportamientos destructivos por relaciones constructivas para la estabilidad política”.

Eduard Vinyamata, profesor Español de Conflictología dice que   “reconciliación es un proceso en el que las partes involucradas en un conflicto inician una relación que les lleva a una comunicación con reconocimiento y sientan las bases para un pacto tácito, espontáneo y voluntario de amistad”.

El profesor también explicó que la reconciliación es una reunión amistosa posterior al conflicto entre oponentes que restauran una relación social alterada por el conflicto. Pero desde el día a día, desde lo humano, la reconciliación busca que la amistad y la concordia  entre dos personas se restablezca.

Por falta de una adopción en la práctica de los valores, muchos piensan que los conflictos guardan una estrecha relación con la violencia y que en mayor o menor medida, el uso de la violencia es inevitable a la hora de abordar y  tratar un conflicto. Esta visión negativa del conflicto se ve infortunadamente necesaria y hasta justificable  para hacer respetar nuestras opiniones y derechos y es la forma promedia que muchos Colombianos utilizan para resolver sus diferencias familiares y sociales.

Por supuesto, para que la reconciliación impere, el conflicto hay que mirarlo como un desacuerdo en donde nunca se deben violentar nuestras relaciones hasta que alguien domine a los demás y en donde acercarnos y unirnos en las diferencias, puede tener como resultado una paz estable y duradera. Actitudes intolerantes no fomentan necesidades como la de reconciliarnos.

Para estas últimas semanas de 2016, debemos desde cada uno de nuestros roles entender con una mirada de país, el significado verdadero de lo que es un conflicto y la voluntad personal y política de reconciliarnos. Nos quedan varias salidas y una de ellas es la que propuso el profesor que coordinó esta charla pedagógica y que debe ejecutarse con agilidad: educar, educar y educar.          

Dos citas para cerrar esta reflexión. Una de de Isaac Newton cuando dijo: “Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes, y la del Papa Francisco: “El primero en pedir disculpas es el más valiente, el primero en perdonar es el más fuerte, el primero en olvidar es el más feliz”.   

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