Sintonizándonos con la Radio

Sintonizándonos con la Radio

Por: Carlos Armando Uribe F

Director de Asuntos Gremiales

El padre José Joaquín Salcedo lleno de pasión, visión y comunicación llegó en 1947 a Sutatenza, un pequeño poblado de Boyacá. Allí el padre se enteró del 80% del analfabetismo reinante en el municipio y con sus propios ojos descubrió que la distracción preferida de sus pobladores era tomar litros de cerveza todos los domingos. Desde el púlpito y de manera cálida y coloquial, como si estuviera haciendo un programa de radio, le propuso a la población crear las escuelas radiofónicas. Y así y a través de la radio enseñó a leer y escribir a miles de campesinos en Colombia. Muchos aprendieron matemáticas básicas, cultura general y mejoramiento de los cultivos entre otras tantas enseñanzas. Fue un aprendizaje unido a un compañero inseparable: un receptor de radio, que genera una difusión particularmente íntima de tú a tú y que otros medios no poseen.

En esa época no existía la televisión como para complementar las clases, pero como dice Bob Schulberg en “el manual autorizado”: “No han ideado una pantalla de TV tan suficientemente grande, brillante, clara y colorida como para igualar la capacidad de la mente para crear sus propias imágenes vivas…”.

A dos estudiosos Ingenieros  de esta temática les adjudican la creación de la radio en el mundo:  Aleksandr Stepanovicm Popo y  Guglielmo Marconi. El  primero de origen Ruso, quien en 1895  presentó un receptor capaz de detectar ondas electromagnéticas y el segundo nacido en Italia, por la elaboración en 1897 de un dispositivo de transmisión radial. A Colombia la radio llegó en 1923 por iniciativa de unos  radioaficionados los cuales trajeron al país equipos de baja potencia. En 1929 el Presidente Miguel Abadía Méndez inauguró la primera radiodifusora del país, la HJN, la que más tarde se llamó la Rodiodifusora Nacional.

Colombia es un país de una inmensa tradición oral y si la radio en el mundo llega a más de un 95% a cualquier segmento de la población, en países en vía de desarrollo el 75% de los hogares posee al menos un receptor de radio. No obstante la cifra anterior, yo me atrevería  a decir que en Colombia hay más aparatos de radio que número de habitantes.

Inclusive el  número de radioescuchas en el mundo en Internet ha crecido anualmente, además de los que sintonizan la radio a través de los teléfonos celulares como en Paquistán, en donde el 30% de los hombres escuchan radio por este medio.

Hoy la radio es más informal, más familiar y más participativa. Y en el campo colombiano es un medio que se debe aprovechar al máximo, pues cuando se visitan los predios cafeteros, allá en muchas casas de las veredas, el radio permanece prendido muchas horas del día. Eso sin contar con el receptor que acompaña a los trabajadores en el cafetal ubicado en el bolsillo de atrás, en donde el trabajador hace la labor y simultáneamente escucha radio y por supuesto hoy con más de 60 millones de celulares en el país, la oportunidad de la radio es incuestionable.

En un estudio que se hizo en Colombia se encontró que el 37% de las personas que trabajan en el hogar, el 12.3% que estudian, el 14.7% que leen, el 19.6% que trabajan, el 10.3% que conduce y el 20% que descansa, lo hacen mientras escuchan radio.

Como lo dijo Irina Bokova, directora general de la Unesco: "En un mundo en cambio constante, tenemos que aprovechar al máximo la capacidad de la radio para conectar gentes y sociedades, compartir conocimientos e información y reforzar el entendimiento”.

Pero hay una ventaja de la radio, que a mi modo de ver es fundamental y es que tiene un carácter selectivo que permite aislar la comunicación a grupos independientes de audiencia, sin tener que hacer grandes inversiones o incurrir en inmensos desperdicios de esfuerzo por el efecto de la dispersión.

La radio es el centro donde convergen todas aquellas instituciones, personas, líderes, que tienen responsabilidades con la comunidad. Es como una colmena donde llegan las abejas de todas partes, trayendo el polen de las flores del entorno. Allí se pueden canalizar propuestas y soluciones a los problemas de una comunidad rural, que carece de estrategias y que podría permitir la unión de varios actores, por eso la radio es de tanta magnitud en su temática.

Café con aroma de mar en Santa Marta, Hablemos de café y algo más en Labateca Norte de Santander, Tomémonos un tinto en Ibagué, Queriendo el campo en Andes Antioquia, Por los Caminos de Caldas en Manizales, Los Amigos del Campo en Pereira, son entre otros, nombres de programas de radio de ayer y de hoy, realizados por los Comités de Cafeteros del país y por algunas cooperativas de caficultores. Son más de 70 programas comunicando por toda la geografía cafetera colombiana con diferentes formatos y frecuencias, pero todos cobijados con una misma palabra: ¡Pasión!.

Conozco Extensionistas que cumplen idóneamente con su labor cotidiana. Sin embargo, por las ventajas del medio y por darle rienda suelta a ese gusanillo que llevan dentro, se comprometen con un programa de radio. ¿Por qué?: Porque este medio es apasionante, dinámico y versátil, por su cobertura, porque es una herramienta para el trabajo con los caficultores y porque para hacer radio hay que   ser recursivo y entender dos conceptos: La radio debe ser en doble vía y el concepto de la improvisación responsable. Escuchar al oyente es fundamental.

En relación con la improvisación responsable me refiero al recorrido lleno de experiencia de quienes utilizamos este medio, pues al vernos enfrentados a un micrófono y con la ayuda de un derrotero, podemos contar aspectos de muchas temáticas, sin la preparación de quien es apenas nuevo en un tema determinado. Es como sacar de la manga una información que conocemos por la experiencia adquirida. Sin embargo, la responsabilidad en la comunicación radial debe ser de tal manera, que hay que ser conscientes que cuando te equivocas ya has soltado el mensaje.

La radio es una oportunidad para la creatividad, para la concepción de nuevas ideas y para desarrollar un trabajo de comunicación que sirva para la información y motivación a los caficultores en el cumplimiento de la misión de la Federación.

En la Federación usamos frecuentemente la radio, pero nunca para comunicar egoísmo, falso intelectualismo, individualismo, violencia, discriminación, agresión, escepticismo, burla y desesperanza. Hacemos radio para comunicar y generar actitudes positivas, para llevar aspectos fundamentales de la productividad y rentabilidad cafeteras, y para difundir con innovación, recomendaciones que motiven a los caficultores a la defensa de una institucionalidad de invaluables aportes al desarrollo del país.