Taza de la Excelencia

Cómo se produce el café ganador de Taza de la Excelencia 2015

Con unión familiar, trabajo en equipo y un entorno natural privilegiado, Astrid Medina, caficultora de Planadas, Tolima, produce una peculiar mezcla de granos de diferentes altitudes que arroja un exótico perfil de taza de notas dulces y afrutadas, una brillante acidez y cremoso cuerpo medio. Su café fue subastado el pasado 23 de abril.

Astrid Medina, de 38 años de edad, es una mujer que se da tiempo para todo: atender a su familia y producir un café excepcional. Tan es así que en la pasada competencia Taza de la Excelencia 2015, su café, de exóticas notas dulces y afrutadas, una brillante acidez y cremoso cuerpo medio, resultó ganador con una calificación de 90,2 puntos.

La competencia, que estimula la producción de cafés de la más alta calidad en Colombia y ayuda a visibilizarlos ante compradores internacionales, es organizada por la Federación Nacional de Cafeteros, como parte de su estrategia de diferenciación, valor agregado y posicionamiento, y The Alliance for Coffee Excellence, organización internacional que diseña y aplica las reglas y estándares del certamen.

Un total de 31 lotes que obtuvieron más de 85 puntos participó en la subasta electrónica que se llevó a cabo el pasado 23 de abril, en la que compradores de todo el mundo se disputaron los mejores cafés de este año en Colombia.


El día a día de Astrid Medina
Astrid se levanta temprano, entre las 5:30 o 6:00 de la mañana, va a la cocina, levanta a su hijo de siete años para que se aliste para ir al colegio, le da de desayunar y lo lleva a la escuela a las 6:50 am en el corregimiento de Gaitania, municipio de Planadas, en el departamento de Tolima, donde habitan. “Lo llevo todos los días a la escuela”, cuenta.

Al volver prepara un desayuno ligero a su esposo, que trabaja en una cooperativa de compra de café, y los dos se van en motocicleta a supervisar algunos trabajos en la finca Buenavista, a nombre de la mujer por herencia de su padre, pero que en realidad es una empresa familiar.

Supervisan algunas actividades de la finca, qué recolectores llegaron y visitan los lotes en producción. Luego vuelven a Gaitania. Después del almuerzo, llega su hijo y Astrid le ayuda a hacer tareas y alistan lo del día siguiente.

La finca, cuyos cultivos son casi todos renovados, es una herencia compartida y su hermana posee una fracción. “Ella también es parte de la finca. Es madre soltera, tiene un niño y ellos también dependen de nosotros”, explica.

La finca tiene una extensión de 15 hectáreas, de las cuales 10 tienen café. Desde hace cinco años tienen el apoyo de un administrador, que es el esposo de una sobrina de Astrid. Es decir, todo el manejo queda en familia. “Nos hemos entendido muy bien para trabajar. Cuando hay recolección, por las tardes, mi esposo está muy pendiente a la hora de recibir el café a los recolectores para supervisar la calidad del grano, sólo se recolectan granos maduros”, refiere.


Una suma de esfuerzos hacia la calidad
Cada etapa de la producción es muy cuidada, y Astrid atribuye la calidad de su café a la suma de esfuerzos de mucha gente. “Si uno de ellos se equivocara, nos afectaría a todos, pero hablamos el mismo idioma, miramos y logramos el mismo objetivo. Es comprensión entre empleados, recolectores, administrador, patrón, todos”, afirma, sin desconocer que la naturaleza ha sido muy generosa con su finca. “El clima y los suelos son muy sanos, la región es muy nueva, nunca hacemos quemas, dejamos que la materia orgánica haga su trabajo y abone el suelo cuando se descompone. El agua para el beneficio también es muy pura”, explica.

Pero también atribuye la calidad de su café a la particular mezcla de granos que la finca permitió en la cosecha de medio año (noviembre, diciembre y parte de enero, con una producción limitada), pues por su extensión, los terrenos varían entre los 1800 y los casi 2000 metros de altitud. “Escogimos los mejores lotes para hacer la mezcla con granos de diferentes altitudes. Pensamos que la mayor parte del éxito del café es la misma mezcla”, explica.

“Taza de la Excelencia nos permite seguir soñando y experimentar, porque el café, más allá de hacer lo correcto, es como un misterio, porque a usted le puede gustar y a otros no”, dice.

A qué destinará la prima que logre en la subasta
Antes de la subasta, Astrid ya tenía claro que la prima de calidad que pagara el mejor postor por su café se traducirá en bienestar para su familia, sus empleados y mejoras productivas en la finca. “Lo invertiré en mejorar nuestra vivienda, ofrecer mejores condiciones de vida a nuestro administrador, a nuestros empleados, ampliar el beneficiadero, porque pensamos sembrar más café en un futuro, mejorar la tecnología, nuestras herramientas de trabajo”, dice.

Gracias a la finca, su hija mayor ya empezó a estudiar ingeniería ambiental en Bogotá y podrá continuar su carrera.

De modo que el café les ha permitido mantener la unidad familiar y ayudarse mutuamente. “La unión hace la fuerza. Ha habido altibajos, son ya nueve años de trabajo en esta finca, ha habido épocas de precios bajos en que uno quiere dar muchas cosas a sus empleados y no puede, pero seguimos adelante con esperanza”, concluye.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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