Edición No 41

¿Y qué es institucionalidad cafetera?

Diciembre de 2012

ACTUALIDAD

¿Y qué es institucionalidad cafetera?

Por: Carlos Armando Uribe F.
Profesor Yarumo.

El Presidente de la República, Juan Manuel Santos, dijo en el pasado Congreso Cafetero que cualquier actividad relacionada con el café, el Gobierno siempre la haría con la ‘‘institucionalidad cafetera’‘.


Institucionalidad es una expresión que, según el diccionario de la Real Academia Española —RAE—, viene de institución. A su vez, este vocablo tiene varios significados. Por ejemplo, dice que institución es un “organismo que desempeña una función de interés público, especialmente benéfico o docente”. También, que es “cada una de las organizaciones fundamentales de un estado, nación o sociedad”. Así mismo, institución significa “tener en una ciudad, empresa o cualquier otra agrupación humana, el prestigio debido a la antigüedad”.

Pues permítanme decirles que me sentí muy complacido de encontrar en estas definiciones del diccionario de la RAE lo que representa realmente la Federación Nacional de Cafeteros y todas las empresas cafeteras como ejemplo del concepto de institucionalidad. Lo digo porque La Federación es fundamental para el desarrollo de la actividad cafetera y ejecuta bienes públicos como la garantía de compra, la investigación,  la extensión, la promoción,  la publicidad del café y el ordenamiento de la producción.  Y, por supuesto, la Federación con sus más de 85 años de servicio, se ha ganado un prestigio por su transparencia, eficiencia y resultados.

Por su parte, la ONU, a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo —PNUD—, presentó un libro llamado “Razones para la Esperanza”. Allí se dice que “Colombia es más rural de lo que pensamos” y que un verdadero desarrollo rural se debe caracterizar porque promueve el desarrollo humano, porque es equitativo, incluyente, porque promueve la sostenibilidad, porque no invisibiliza las diferencias de género; es democrático y afianza la institucionalidad.

Lo que recomienda el mencionado libro, a mi modo de ver, es un fiel espejo de lo que la Federación, Cenicafé y los Comités de Cafeteros se han trazado como misión desde hace varias décadas. Se puede decir que uno de los pasos fundamentales para lograr el desarrollo humano rural de más de 560 mil familias de pequeños productores, necesariamente comprende la necesidad de fortalecer, lejos de debilitar, la institucionalidad cafetera.

Son los bienes públicos orientados hacia el desarrollo productivo y hacia el mejoramiento de las condiciones de vida los que hacen a los cafeteros el gremio más fuerte del sector agropecuario, con mayor capacidad de acción, de ejecución de programas y de liderazgo. La institucionalidad es, sin duda, una manera efectiva de lograr el bienestar de las familias cafeteras.

La Federación de Cafeteros seguramente ha cometido errores, pero sus aciertos son, evidentemente, de una mayor dimensión. Y los invito a que analicemos cada uno de los puntos anteriores para, finalmente, deducir que en la actividad cafetera sí se ha generado un desarrollo rural superior al de los productores de otros bienes agropecuarios, con una visión integral que se constituye en esperanza para los propietarios de esta institucionalidad: los caficultores colombianos.

Las instituciones son, además, cruciales para llegar a consensos y tomar decisiones. Todos, desde luego, tenemos opiniones y sugerencias. Algunos las expresan con más vehemencia, mientras que otros tienen la virtud de saber escuchar. Imaginémonos un escenario donde sólo primen los intereses de quien hable más duro, de quien intimide o los de unas pocas familias o municipios. ¿Cómo, si no es con instituciones, se pueden poner de acuerdo las 563 mil familias cafeteras de Colombia?

Por eso son tan importantes los Comités Municipales y Departamentales de Cafeteros, porque están conformados por productores elegidos por los mismos productores democráticamente. Y en las elecciones cafeteras hay ganadores y hay perdedores, como en toda elección, pero quien queda electo ejerce una representación que es legítima e incuestionable. Son ellos quienes representan a los cafeteros y son ellos quienes, a través de las instituciones, no sólo oyen a los productores de sus veredas, sino a los del resto del país. Son ellos quienes, en el marco del Congreso Nacional de Cafeteros, llegan a los consensos necesarios y pasan de la opinión a la decisión, a los programas, a las iniciativas responsables.

Así, un cafetero siente que hay institucionalidad cuando ve que se trabaja en función de sus intereses, cuando elige y puede ser elegido en sus organismos de representación, cuando los programas tienen el objetivo del desarrollo humano y de la rentabilidad de su cultivo, cuando hay seguridad en lo que hace porque hay seriedad en lo que se investiga, cuando él adopta y de él se aprende, cuando los componentes de la cadena, como el de la comercialización, están cubiertos para su servicio, cuando sabe que hay transparencia en el manejo de recursos, cuando hay acompañamiento continuo, cuando tiene un lugar físico o virtual donde llegar, dónde quejarse y dónde proponer, cuando tiene una información oportuna de su actividad, cuando es escuchado, cuando sabe que la sostenibilidad social, ambiental y económica es una directriz de su trabajo y cuando, pese a lo que pasa, ve futuro en el café.

Por eso, la Federación de Cafeteros es la autorizada y auténtica institución que representa a los caficultores colombianos. Es la entidad que construye, que busca soluciones, la entidad que el gobierno y otros actores respetan. Es la entidad que hace fuertes a los caficultores sin necesidad de insultar y vociferar. Porque es responsable, porque representa consensos, porque es legítima.

Claro que para que la institucionalidad sea sostenible, los líderes cafeteros deben también cumplir con su tarea. Don Serafín Malagón, vicepresidente del pasado Congreso Nacional Cafetero y oriundo de Santander, terminó su aplaudido discurso diciendo: “un líder cafetero se compromete, un líder cafetero da ejemplo, un líder cafetero critica constructivamente, un líder cafetero sueña…sueña siempre con el café”.

No desconozco la situación de alta preocupación de los cafeteros colombianos por los bajos precios del café; pero permítanme trasladarme a diciembre del año 2013 para que, con una mejor producción cafetera que la de 2012 y unas mejores perspectivas, podamos decir que los cafeteros colombianos han salido adelante gracias a que tienen, y tendrán siempre, una sólida institucionalidad cafetera.

PD: Que la riqueza de nuestros valores, el verde de los cafetales y la sonrisa de un niño campesino sean los mejores alicientes para pasar una Navidad en paz y en familia. Y que el año 2013 sea un año lleno de resultados y de productividad cafetera para todos los caficultores colombianos y para todos los colaboradores de la institucionalidad cafetera. 

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